Ya siento sueño, mi cuerpo se adormece y me ofrece una puerta de escape ante esta realidad que no conviene, que dulce salida, el mundo de los sueños, me pregunto si se asemeja al mundo de la muerte. Mi rostro se alegra de pensar en ella, tal vez se deba ha que ya existen cosas muriéndose dentro de mi, espero no haber muerto completamente, al menos no sin enterarme, no quiero ser un cuerpo vivo con un alma muerta, de los muchos que deambulan escupiendo veneno disfrazado de dulce néctar.
martes, 27 de julio de 2010
Sentado en el sillón.
Ya siento sueño, mi cuerpo se adormece y me ofrece una puerta de escape ante esta realidad que no conviene, que dulce salida, el mundo de los sueños, me pregunto si se asemeja al mundo de la muerte. Mi rostro se alegra de pensar en ella, tal vez se deba ha que ya existen cosas muriéndose dentro de mi, espero no haber muerto completamente, al menos no sin enterarme, no quiero ser un cuerpo vivo con un alma muerta, de los muchos que deambulan escupiendo veneno disfrazado de dulce néctar.
martes, 6 de julio de 2010
Adiós...
Deseo que llueva ese día, para que la lluvia lave nuestra tristesa, deseo que la luna sea pudorosa y no se muestre egocéntrica, deseo morir antes o tal vez morir después y que el tiempo se encuentre a favor y no camine a pasos cortos, para que el veneno de mis palabras no fluya lentamente.
jueves, 17 de junio de 2010
A oscuras..
Sólo puedo escribir que esta noche, mi alma se encuentra a oscuras, y no se piense que desea la luz que le ayude a encontrar el camino, solamente desea disfrutar de la agria melancolía, de la ruin pesadumbre desesperanzadora de haber perdido el rumbo y toda fe.
sábado, 15 de mayo de 2010
Estruendo cruel...
sábado, 24 de abril de 2010
Sin recuerdos
viernes, 26 de marzo de 2010
Viernes...
Sólo íbamos ella y yo, rumbo a aquel bar, como en los viernes de febrero. La noche apenas estaba iniciando y los seres nocturnos se veían caminando por las calles sucias y olorosas, buscando algún lugar donde desahogar sus penas o sus alegrías. Nosotros al igual que ellos, íbamos en nuestro mundo, intercambiando palabras sin sentido, recordando alguna situación graciosa y riendo a carcajadas. De pronto ella dijo, quiero conocer a la Maguana, nunca la he mirado.
En ese momento vino a mi mente cuando yo la conocí, de eso hace mucho tiempo. Recuerdo a una mujer mulata, delgada, cantando o tal vez gritando palabras que no entendí, estaba afuera de la catedral, mezclándose con la gente y los vendedores ambulantes.
Pero mi recuerdo se perturbo al sentir un fétido olor, era un olor de humano, de alguien que se dejo simplemente llevar por la vida, un humano en decadencia, así fue como lo sentí. Mire hacia atrás y vi a esa mujer. Los pies descalzos y estropeados, con más de alguna herida, unos mallones rojos, sucios y rotos que le quedaban chicos, puesto se le alcanzaba a ver la mitad del derrier, una sudadera que en algún momento fue blanca o de claro color; la boca ausente de dientes, los labios ausentes de maquillaje, su rostro marcado por la edad y las arrugas como heraldo del tiempo anunciando que no somos eternos.
Yo solo alcance a decirle a mi compañera de camino, deja que pase. No soportaba tan terrible olor. Nos hicimos a un lado, yo disimule ver los zapatos del aparador de una tienda que a esas horas ya se encontraba cerrada, pero mi acompañante, no dejaba de mirar a aquella mujer, que aun no terminaba de pasar. Me canse de mirar zapatos, que en lo mínimo me causaban interés y decidí, mirar a esa mujer.
Se acercaba cada vez mas, tambaleándose, sonriendo, se veía tan feliz. Parecería que no le importara, si el mundo en ese momento terminaba. Sólo estaba viviendo su momento en plenitud, de la mano de una pachita de algún licor barato. Debo confesar que sentí algo de celos por la libertad que en ese momento transmitía.
Su caminar proseguía y llego lo inevitable. Quedamos frente a frente, nuestras miradas se cruzaron y su rostro esbozó una sonrisa. Fue en ese momento cuando me di cuenta quien era, la reconocí, era esa leyenda viviente, a la que han matado tantas veces, de la que se dicen tantas cosas, algunas ciertas otras no tanto.
El olor nauseabundo que en algún momento percibí, desapareció por un momento, mire a mi amiga y compañera de aventuras y le dije, fue tu día de suerte, esa es la Maguana.