martes, 27 de julio de 2010

Sentado en el sillón.

¿Ya se acabo todo? fue la pregunta que resonó dentro de mi mente aquella noche. La luz se había ausentado de esa habitación y en penumbra me encontraba, sentado en aquel sillón. No existía nada ni nadie, no había formas, ni colores, sólo había música de sax. Esas últimas dos semanas fueron extenuantes, agotadoras, tal vez nadie lo ha notado, pero mi mirada es más triste que de costumbre y el timbre de mi voz tiene un matiz distinto, subyugado por ese nudo en la garganta que no deja fluir libremente mis palabras.


Que oscuridad tan dolorosa, que soledad tan abrumadora, que horrorizante ansiedad. ¿Porque no te acabas también tú nudo en la garganta?, no sé tú alquimista de sentimientos, pero yo he dejado de anhelar los viernes inquietos de mayo, no sé tú devorador de ilusiones, pero yo he asesinado con mis propias manos al oráculo que predijo te hallaría danzando a la media luz de la luna.


Ya siento sueño, mi cuerpo se adormece y me ofrece una puerta de escape ante esta realidad que no conviene, que dulce salida, el mundo de los sueños, me pregunto si se asemeja al mundo de la muerte. Mi rostro se alegra de pensar en ella, tal vez se deba ha que ya existen cosas muriéndose dentro de mi, espero no haber muerto completamente, al menos no sin enterarme, no quiero ser un cuerpo vivo con un alma muerta, de los muchos que deambulan escupiendo veneno disfrazado de dulce néctar.

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